Andrés Crespo: voz en animación internacional y autor de ‘Estero en llamas’

El fondo no es neutro. Detrás de Andrés Crespo no hay una pared blanca ni un set improvisado: hay luz. La conexión se abre desde la playa, con el sol visible a sus espaldas y el mar extendido fuera de foco. No es una imagen construida para la entrevista: es el lugar donde suele estar.

 El ecuatoriano habla de su trabajo en Goat, la cabra que cambió el juego, de su película Estero en llamas y de una carrera construida desde lo vivencial.  

El fondo no es neutro. Detrás de Andrés Crespo no hay una pared blanca ni un set improvisado: hay luz. La conexión se abre desde la playa, con el sol visible a sus espaldas y el mar extendido fuera de foco. No es una imagen construida para la entrevista: es el lugar donde suele estar.

Desde ahí, frente a la cámara, habla de su presente profesional, marcado por dos frentes que hoy conviven: su participación como voz de doblaje en español de una nueva película animada de Sony Pictures y el desarrollo de Estero en llamas, el largometraje que escribe, dirige y protagoniza.

La historia de Crespo no se cuenta solo desde el cine. Antes del reconocimiento hubo decisiones que lo alejaron de lo previsible: estudió abogacía y dejó la carrera, se fue a vivir a la playa, se hizo surfista. Luego llegaron el cine, los festivales, la televisión, los formatos populares, la publicidad y los espacios de conversación. Nunca desde un solo lugar ni con una sola identidad. Actor, director y guionista, fue ampliando su campo de acción sin desprenderse del territorio que lo formó.

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Doblaje para Latinoamérica

Sneaky es el personaje al que le presta la voz el ecuatoriano en Goat, la cabra que cambió el juego, una producción de Columbia Pictures y Sony Pictures Animation, que llegará a los cines el próximo 12 de febrero. “A mí me escribieron de la empresa que hace el doblaje en México para toda Latinoamérica. Me enviaron un semblante del personaje. No lo dudé, es un rol no tan amplio, pero me gustó el espíritu del personaje”.

Para esta participación hizo una prueba inicial antes de ser elegido para el elenco, en el que también figuran la actriz Bárbara de Regil como Jetty Fillmore, la cantante Fanny Lu como Luisa, el actor Faisy como Drago Modo, la creadora de contenido Carolina Díaz como Olivia y el actor Emmanuelle Bernal como Will Cabrera, el protagonista.

“Es un acento natural, no aspira a ninguna neutralidad, debería haberme puesto las pilas y haberle metido más verbo guayaquileño, pero realmente es difícil porque la jerga solo se entiende aquí, entonces era un poco complicado”, relata sobre las grabaciones que realizó junto con Marco Campozano y Carlos Idrovo.

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Esta no es su primera vez en una producción animada. El actor, de 55 años, ya le había prestado la voz al Dr. Hierbita en el capítulo final –emitido en diciembre de 2025– de El cuervito Fumanchú (El último porro), un webcomic ecuatoriano con 20 años de creación.

“Esa fue mi primera inclusión en el doblaje animado y después de un mes me llamaron de México. No sé si me vuelvan a llamar, esto es cuestión de taquilla, esperemos que Ecuador responda con fuerza en la taquilla. Que sea yo o no es lo de menos, pero que llamen a más gente de acá”, menciona sobre el doblaje, en el que podrían abrirse campo talentos locales.

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Fuera de cámara

Durante un semestre estudió leyes, luego de dos preuniversitarios para ingresar a la carrera. Su inclinación por esta profesión, entonces, era la escasez de carreras que realmente atraparan su interés. Crespo admite que, de haber tenido que elegir un solo camino, le habría gustado dedicar la vida a escribir prosa.

Su relación con esta idea sigue abierta, es una aspiración que no desapareció, pero que la registra sin urgencia ni calendario. “Estoy escribiendo unos diarios, unos recuerdos de la década de los 80. Voy a publicarlos, porque no quiero que se pierdan esos años. Fueron años de fuego real, así que hay que preservarlos en la memoria”, sostiene.

Te fuiste a vivir a la playa, surfeaste. ¿Ese Andrés más libre formó al actor?

Sí, yo creo que definitivamente. La verdad es que ahora que estoy en la playa, mirando el mar, lo único que debo hacer es recuperar, en lo más posible, esa vida y esa perspectiva, porque estoy lleno de mucho concreto. Si bien estoy agradecido por todo el trabajo que tengo, quiero buscar un poco de soltura, perspectivas más libres, más relajadas, cerca del océano.

¿Qué te da la playa que no encuentras en otro sitio?

A mí me da mucha claustrofobia la ciudad, me parece un lugar bastante apretado, no es muy saludable para mí. Yo creo que por acá uno se siente mejor, pero es bueno vivir donde es doloroso, porque eso a uno lo hace reaccionar. Toda la vida no se puede vivir de vacaciones.

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Lo que más disfruto, por ejemplo, es caminar por la mañana desde Manglaralto hasta Montañita con una tabla bajo el brazo durante 45 minutos. Todavía puedo vacilar tranquilo. Surfeo cada vez que puedo, tengo más tablas de las que tenía cuando surfeaba todos los días.

¿Qué recuerdos conservas de tus siete años entre Manglaralto y Olón?

Fueron años de recuperación para mí, lo que más recuerdo es la presencia de Morita del Campo, que era mi esposa en esa época. Ella murió en abril del 2024. Ahorita me acuerdo de ella, realmente. Era increíble cómo trabajábamos juntos. Como ella cocinaba, yo conseguía el pescado y después me iba a surfear. Ya visto desde ahorita es una maravilla. Me dan ganas de poner un restaurante de nuevo y vivir un poco eso. Yo tuve dos restaurantes con ella: uno que se llamaba Las Tangas y otro que era Puerto Olón. Ahí nació mi hija en el 94. Yo estuve acá del 90 al 97. Yo solo fui proveedor y mesero de los dos restaurantes.

La experiencia de tu vida en esos años enriqueció a tu personaje, Blanquito, en la película Pescador…

Por eso me pareció tan natural hacer ese rol. Yo soy una persona que está en contacto con todos. Hasta el día de hoy conozco a personas que viven del mar en gran medida, full pescadores, gente de la zona.

No vienes de una escuela tradicional de actuación, ¿qué te enseñaron la calle, la gente, los trabajos, que hoy usas frente a las cámaras?

Todo, porque no tengo ninguna educación formal en las artes, me he dedicado a aprender en el camino, es lo único que sé: ir aprendiendo. Nunca me preocupó, fui un adolescente un poco audaz pero preocupado. Mi papá también me enseñó a no preocuparme por lo que no tiene sentido, una cámara realmente no me amilana, me explico, me siento tranquilo y me llevo bien con la gente para saber lo que quiere ver.

Tienes distintas facetas, hasta fuiste participante del reality MasterChef, ¿te aburre quedarte en un solo lugar?

Sí, me aburre mucho. Yo no soy bueno para eso. Soy una persona a la que le gusta ir explorando cosas que me lleven hacia un grado de tranquilidad y libertad. Y eso es un trabajo constante. No me siento libre y poderoso si no estoy construyendo algo, esa es la plena.

¿Qué construyes en 2026?

Llevo años construyendo la película Estero en llamas. Aquí tengo el guion impreso al frente de mí, la última versión. Se la tengo que entregar ahorita a Juan Daniel Llanos, mi amigo y productor de esta película. Este es un guion que yo escribí con mi compadre Andrés Martínez (ambos tienen una sociedad de escritura que se llama Crema: Crespo & Martínez). Vamos a rodar ahorita en mayo esta película, ya ha pasado mucho tiempo y hay que lograrlo.

¿Cuánto tiempo le has dedicado a esta producción y de qué va la historia?

Ha durado mucho tiempo. Estero en llamas comenzamos a escribirla en el 2014, es una historia que hemos escrito durante muchos años. Es una película que trata sobre Guayaquil y el estero Salado, los extremos de la ciudad, el interior de las personas que ahí viven. Nuestra visión de esta ciudad y de ese misticismo. Nosotros somos de una religión, vemos al estero como una deidad. Esa es una fe genuina que tengo y que comparto con alguna gente. De eso va la película, de establecer al estero como una deidad.

¿Cuál es tu vínculo con el estero Salado?

Yo he vivido en Urdesa, pero mi vinculación con el estero diría que es más bien inconsciente y mística. Yo lo veo como una fuente de vida, yo veo al estero y creo que de ahí viene la fuente de mi vida y de mi existencia. Sé que no existiría, estoy seguro, Guayaquil si no fuera por el estero. Es esa geografía la que nos entrega la posibilidad de la vida, sino que la modernidad nos ha robado el sentido profundo de la naturaleza que nos rodea. No creo que todos se den cuenta de lo que te digo. (E)

 El Universo

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