Cuatro actrices se convierten en ‘Las Monjas’, una tragicomedia sobre violencia y poder

El teatro en Guayaquil sumará una provocadora propuesta en su cartelera con el estreno de la obra Las Monjas, un texto original del dramaturgo franco-cubano Eduardo Manet que recuerda la Revolución Haitiana de 1800 para conectarla con las tensiones sociales del presente.

 La propuesta escénica, dirigida por Guillermo Silverio, llega al Teatro Casa Zona Escena con una mirada crítica sobre la inseguridad actual.  

El teatro en Guayaquil sumará una provocadora propuesta en su cartelera con el estreno de la obra Las Monjas, un texto original del dramaturgo franco-cubano Eduardo Manet que recuerda la Revolución Haitiana de 1800 para conectarla con las tensiones sociales del presente.

Así asegura el director general de la obra, Guillermo Silverio, quien explica que el proyecto nació hace un año y medio durante la escalada de extorsiones y violencia en el país. Esto lo motivó para buscar una pieza que canalizara la angustia colectiva a un espacio de reflexión.

“La obra narra un poco la violencia, la delincuencia y la situación que se vive fuera del convento, es una alusión a lo que pasa actualmente en el Ecuador, la extorsión, robos, los asesinatos”, menciona.

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La tragicomedia tiene una duración de una hora y 35 minutos y transita dinámicamente entre el drama, la tensión y el humor, dice el también diseñador de modas.

Cuatro actrices participan en la obra. Foto: Chantal Fontaine instituto superior tecnológico LEXA.

En la obra Las Monjas, un grupo de narcotraficantes se oculta tras hábitos religiosos para atraer a mujeres adineradas con la promesa de salvarlas del caos, despojándolas de sus joyas.

Silverio aclara que no es una burla a la fe sino que el elemento eclesiástico funciona solo como metáfora sobre el poder y la jerarquía social. “No tocamos temas religiosos, no se hace mofa en ningún momento de la religión… sencillamente la imagen religiosa es un pretexto, es un disfraz para ellos llevar a cabo su plan”, dice y añade que las falsas monjas encarnan cómo el crimen engaña a una ciudadanía que ha perdido la confianza en las autoridades.

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Otro detalle es que la obra original está pensando en que los papeles sean encarnados por hombres, pero Silverio apostó por el talento femenino ecuatoriano con un elenco de cuatro actrices: María Sacoto interpreta a la madre superiora; María José Avilés a Sor Ángela; Geomara Pin a la única monja real y sordomuda —testigo silencioso del horror—, y Arely Sellán a la acaudalada víctima.

Silverio indica, que para marcar distancia de un vestuario tradicional de monjas, optó por incorporar corsés, botas y tatuajes, simbolizando a la serpiente disfrazada de bondad: “no hablamos de religiosas, sino personas tratando de encarnar personajes religiosos para confundirnos”.

Las actrices llevan seis meses ensayando con seis horas continuas al día. Esta preparación resulta indispensable debido al desgaste interpretativo de la propuesta. “Es un gran reto porque se desgastan a nivel actoral completamente porque salen muchas emociones en cada uno de los personajes, hay llanto, cambian del llanto a la risa, del grito al silencio. Pasan una hora con 35 minutos sin parar en escena dando toda esta entrega”, explica.

La producción tiene planificadas funciones los días 25 y 26 de septiembre a las 20:00 en el Teatro Casa Zona Escena. La entrada cuesta $ 20. Los estudiantes mayores a 16 años, personas con discapacidad y de la tercera edad cancelan un valor especial.

“El objetivo es reflexionar sobre la situación de llegar a un compendio… que se den cuenta de que el país y el mundo se siente desprotegido de toda esta violencia porque no somos apoyados. Esta es la reflexión que nos dejan las monjas, cómo la sociedad cada día baja más, cómo se pierden valores y cómo la violencia y el afán de poder se va a ir por encima de cualquier valor”, expresa.

En tanto, más allá del suspenso, la producción asume un compromiso educativo y cultural. “Siento que es necesario que volvamos a los clásicos y a ese teatro que ya se está perdiendo cada día porque el internet y las aplicaciones hacen que las personas olviden ese teatro clásico de tensiones, de emociones, de fuerza… Nos vemos comprometidos a enseñarle a las futuras generaciones que hay un teatro clásico e inteligente que sigue ahí y que es necesario que se muestre”, indica. (I)

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