La microgravedad no solo transforma el cuerpo humano, también cambia la forma en que las bacterias y los virus que las atacan evolucionan.
“Este estudio valida nuestra hipótesis de que los ciclos de infección serían más lentos en microgravedad”.
La microgravedad no solo transforma el cuerpo humano, también cambia la forma en que las bacterias y los virus que las atacan evolucionan.
Un estudio realizado a bordo de la Estación Espacial Internacional (EEI) reveló que, en el espacio, esta batalla microscópica sigue reglas distintas, un hallazgo que podría abrir nuevas vías para combatir las infecciones resistentes a antibióticos en la Tierra.
La investigación, publicada el 13 de enero en la revista PLOS Biology, comparó poblaciones de Escherichia coli infectadas por el fago T7. Un grupo fue cultivado en la ISS y otro, idéntico, en la Tierra. Aunque los virus lograron infectar y matar a las bacterias en ambos entornos, en el espacio el proceso fue más lento y siguió una trayectoria evolutiva distinta.
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Los científicos explican que la clave está en la microgravedad. En la Tierra, los fluidos se mezclan de forma constante por efecto de la gravedad: el agua caliente sube, la fría baja y las partículas más pesadas se sedimentan.
En el espacio, ese movimiento prácticamente desaparece. Como resultado, bacterias y fagos chocan menos entre sí, lo que obliga a los virus a adaptarse a un entorno donde cada encuentro cuenta.
“Este estudio valida nuestra hipótesis de que los ciclos de infección serían más lentos en microgravedad”, señaló Srivatsan Raman, autor principal del trabajo y profesor asociado de Bioquímica en la Universidad de Wisconsin-Madison.
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El análisis genético mostró que tanto las bacterias como los virus cultivados en la ISS acumularon mutaciones que no aparecieron en las muestras terrestres. Los fagos desarrollaron cambios que mejoraron su capacidad para adherirse a las bacterias e infectarlas, mientras que la E. coli modificó sus receptores y otros mecanismos para resistir los ataques virales y sobrevivir mejor en el entorno espacial.
La sorpresa llegó cuando los investigadores llevaron de vuelta a la Tierra los fagos adaptados al espacio. Al probarlos, descubrieron que esos cambios les permitían atacar con mayor eficacia cepas de E. coli que causan infecciones urinarias y que suelen ser resistentes al fago T7.
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“Fue un hallazgo fortuito. No esperábamos que los fagos mutantes identificados en la ISS mataran patógenos en la Tierra”, admitió Raman.
Las llamadas terapias con fagos utilizan virus para destruir bacterias o volverlas más vulnerables a los antibióticos convencionales. Aunque aún son experimentales, despiertan un creciente interés ante el avance de la resistencia antimicrobiana.
No obstante, los investigadores advierten que habrá que considerar los costos y la viabilidad de enviar fagos al espacio o de simular la microgravedad en la Tierra.
Más allá de sus aplicaciones terrestres, el trabajo también tiene implicaciones para la salud de los astronautas. Según Charlie Mo, profesor asistente de Bacteriología en la Universidad de Wisconsin-Madison, estos hallazgos podrían ayudar a desarrollar tratamientos más eficaces para infecciones en misiones espaciales de larga duración, como futuros viajes a la Luna o a Marte. (I)
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