El verdadero viaje de la Artemis 2 a la Luna ha comenzado finalmente este viernes a la 1.50, hora peninsular española, al abordar y superar el momento más crítico de esta misión con el último gran rugido de los motores de la nave Orion. Habían transcurrido más de 25 horas después del despegue del mayor y más potente vehículo espacial tripulado de la historia, desde el Centro Espacial Kennedy en Florida (EE UU), cuando la nave Orion ejecutó la denominada maniobra de inyección translunar y se autopropulsó hacia su destino: la cara oculta de la Luna.
Los cuatro astronautas del primer vuelo lunar tripulado en 54 años reciben el último gran impulso de su histórico viaje, que les hará rodear el satélite y regresar como un búmeran, en cuatro días de ida y otros tantos de vuelta
El verdadero viaje de la Artemis 2 a la Luna ha comenzado finalmente este viernes a la 1.50, hora peninsular española, superando el momento más crítico de esta misión con el último gran rugido de los motores de la nave Orion. Habían transcurrido más de 25 horas después del despegue del mayor y más potente vehículo espacial tripulado de la historia, desde el Centro Espacial Kennedy en Florida (EE UU), cuando la nave Orion ejecutó la denominada maniobra de inyección translunar y se autopropulsó hacia su destino: la cara oculta de la Luna. Según el centro de control de la misión de la NASA, “los informes preliminares indican que la maniobra ha sido exitosa”.
Al comienzo de su segundo día de misión, tras completar dos órbitas alrededor de la Tierra, la nave volvió a estar a tan solo 185 kilómetros de su superficie. Entonces, apartó sus paneles solares de los motores y salió disparada con un fuerte acelerón para entrar en una trayectoria de retorno libre, diseñada con altísima precisión por la NASA para que la cápsula regrese sola —sin tener que impulsarse de nuevo— y culmine su misión dentro de ocho días.
Si en los cuatro días de ida y cuatro de vuelta de este viaje espacial no hay incidentes —como el que sufrió la Apolo 13 en abril de 1970—, este será el impulso final que se habrá dado la nave en el resto de la misión Artemis 2. Los 5 minutos y 55 segundos seguidos durante los que se ha encendido el motor principal del módulo de servicio de la Orion —con un empuje declarado de casi 27.000 newtons— servirían, en la Tierra, para acelerar un coche de la categoría SUV de 0 a más de 12.000 kilómetros. En el vacío del espacio, esa enorme potencia ha servido para arrancar a la Orion de la órbita de la Tierra y mandarla hacia la Luna convertida en un bumerán gravitatorio.
Todo ese impulso, aplicado en el momento justo y en la dirección exacta siguiendo los cálculos milimétricos de los ingenieros de la misión Artemis 2, ha puesto a la nave en rumbo hacia la Luna. Y será un camino muy especial, en forma de 8, de modo que cuando la nave entre en la esfera de atracción gravitatoria de la Luna, esta curvará y retorcerá su trayectoria.
El resultado será que, sin maniobrar ni volver a propulsarse, la cápsula con los cuatro astronautas de la histórica misión Artemis 2 rodeará la Luna —sobrevolando su cara oculta a más de 7.400 kilómetros de altitud— y emprenderá el regreso a casa, atraída por la gravedad de la Tierra. Así funciona una trayectoria de retorno libre, que es la manera más sencilla y segura que tiene la humanidad de visitar otro mundo.
En las misiones Apolo, esta trayectoria siempre estaba disponible en segundo plano, como seguro para poder regresar en caso de problemas, como sucedió en el caso de la Apolo 13 tras una explosión en la nave y unas horas de épica en las que la tripulación ejecutó una solución de emergencia consensuada con el centro de control de la misión de la NASA en Houston (EE UU).
Esta vez, Houston tenía preparados múltiples escenarios en el caso de que fallase la maniobra completada en la madrugada de este viernes, para poder traer de vuelta a los astronautas a casa. En el caso de que el motor principal no propulsase a la nave correctamente y no pudiese alcanzar la Luna, los responsables técnicos de la misión aclararon que siempre podría recurrirse a varias series de motores auxiliares para hacer girar a la nave y regresar hacia la Tierra.
El éxito de la maniobra de inyección translunar, ejecutada por la parte europea de la nave Orion —el módulo de servicio diseñado por la Agencia Espacial Europea (ESA) y fabricado por la empresa Airbus—, simboliza el componente de cooperación internacional del Programa Artemis, que los cuatro tripulantes se esfuerzan por resaltar en sus comparecencias, mientras que el presidente de EE UU, Donald Trump reviste esta hazaña espacial de nacionalismo supremacista. Ante el despegue de la Artemis 2, Trump declaró este miércoles en su red social Truth: “Estamos ganando en el espacio, en la Tierra, y en todas partes en el medio […] Nadie se nos acerca”.
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