Lectura dramatizada de ‘Pobres’, una obra de teatro ácida y ficticia que amenaza con cambiar —de un tajo— el orden social, político y económico del país

Cae una tarde fría en Quito. Dos grandes ventanales laterales se extienden desde el piso hasta el tumbado. Por ahí, la luz natural inunda la sala del Centro Cultural Benjamín Carrión, en las faldas del barrio Bellavista, en el norte de Quito. Afuera, por ambos lados de las ventanas, se aprecian árboles, flores, césped y algún pájaro aleteando entre las ramas. En el interior de la sala, una mesa rectangular reúne al elenco de actores al mando de, José Ignacio De Vries, director y dramaturgo de la obra de teatro Pobres.

 La obra “Pobres” se estrenará oficialmente en octubre, en el Teatro Malayerba, en Quito.  

Cae una tarde fría en Quito. Dos grandes ventanales laterales se extienden desde el piso hasta el tumbado. Por ahí, la luz natural inunda la sala del Centro Cultural Benjamín Carrión, en las faldas del barrio Bellavista, en el norte de Quito. Afuera, por ambos lados de las ventanas, se aprecian árboles, flores, césped y algún pájaro aleteando entre las ramas. En el interior de la sala, una mesa rectangular reúne al elenco de actores al mando de, José Ignacio De Vries, director y dramaturgo de la obra de teatro Pobres.

José Ignacio De Vries, director y dramaturgo de la obra de teatro ‘Pobres’, durante la lectura dramatizada de la obra, en el Centro Cultural Benjamín Carrión, Bellavista, en Quito.
EL UNIVERSO. Foto: Alfredo Cárdenas.

La finalidad de este evento gratuito es la lectura dramatizada de la obra de teatro Pobres y compartir con el público el proceso creativo de la obra, que plantea una historia ambientada en un Ecuador distópico, con elementos de ciencia ficción, antes de su estreno oficial previsto para octubre de 2026, en el Teatro Malayerba.

Esta historia se desarrolla en una versión ficticia y extrema del país, en la que un grupo de amigos de clase pudiente se enfrenta a un cambio radical del orden social donde —de a poco— empiezan a percibir el olor de la pobreza.

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Frente a estos acontecimientos, la obra explora el poder, los privilegios y los discursos autoritarios de los potentados; y la exclusión, las tensiones sociales y la pobreza de los necesitados, en medio del caos que está a punto de cambiarlo todo.

Lectura dramatizada de la obra de teatro «Pobres», en el Centro Cultural Benjamín Carrión, Bellavista, en Quito.
EL UNIVERSO. Foto: Alfredo Cárdenas.

¿Qué vamos a ver y escuchar hoy?

—Una lectura dramatizada. Normalmente el primer proceso de un trabajo de montaje es un trabajo de mesa, donde el elenco y el director se juntan y leen la obra. Para mí es importante porque recibo el feedback de los actores, aparte de que una vez que escucho una voz que le da forma a las palabras, digo: esto funciona, esto, no, y voy reescribiendo la obra.

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La segunda parte, para mí, es leerle a un grupo de gente e ir midiendo, un poco, las impresiones de los que asisten. Escribo de una manera muy colaborativa con los actores, escucho el feedback que me dan, que me da el público —con mi obra anterior, Brutalidad, también hice una lectura dramatizada y me sirvió mucho para ver qué se entiende y qué no— porque un texto tiene que entenderse si es solo leído, no solo representado. Entonces, ese es el objetivo principal de la lectura y también mostrar que hay dramaturgia un poco distinta a lo que normalmente uno podría encontrar en el teatro, que tiende a ir más a la comedia ligera, eso ha ido cambiado y lo encuentro increíble, pero creo que es bueno dar la mayor visibilidad posible a esta dramaturgia —dice el director.

Lectura dramatizada de la obra de teatro «Pobres», en el Centro Cultural Benjamín Carrión, Bellavista, en Quito.
EL UNIVERSO. Foto: Alfredo Cárdenas.

¿Cuál es el contenido de la obra?

—Pobres, trata sobre un grupo de gente acomodada que ve cómo de un día a otro, el orden social y económico del país se desarmó y los sectores más pobres y marginales se toman el poder social, político y económico y les dan un ultimátum: o se suman a esta nueva revolución o van a ser dinamitados. Entonces, la obra son estospersonajes encerrados en un décimo piso, mientras empiezan a entrar en un delirio, locura, el horror a ser pobre y es una comedia bastante ácida y tiene ciertos elementos de ciencia ficción, porque es una especie de dictadura que abarca toda Latinoamérica. Es principalmente una sátira, violenta, oscura, pero sátira al fin y al cabo.

¿Qué mensaje le deja al público para que vea la obra en octubre?

—Yo creo que si quieren reírse mientras —al mismo tiempo— tratan, con esa risa, de quitarse un poco la rabia de todo lo que estamos viviendo y ver cómo el teatro también es una herramienta de formación de audiencias, de activismo político, de activismo social, de ver también como —no solo nosotros— hay mucha gente que está haciendo un trabajo social muy fuerte, rescatando la identidad cultural del país, mediante distintas obras, distintos trabajos, distintos estilos, creo que hay que apoyar el teatro, porque sobre todo en esta época donde una tropa de billonarios completamente disociados de la realidad nos están imponiendo la inteligencia artificial, necesitamos humanidad más que nunca y no puedo imaginarme algo más humano en el teatro.

Lectura dramatizada de la obra de teatro «Pobres», en el Centro Cultural Benjamín Carrión, Bellavista, en Quito.
EL UNIVERSO. Foto: Alfredo Cárdenas.

El cielo sigue encapotado mientras la lectura dramatizada se acerca al final, al tiempo que sus actores saborean el caos que está a punto de abrazarlos como una pesadilla.

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