La lucha por la justicia y el temor a que ocurra una tragedia similar ante un “clima de odio” persisten al cumplirse este viernes 10 años del mayor tiroteo contra latinos LGBTI en Estados Unidos, que dejó 49 muertos en la discoteca Pulse en Orlando (Florida), según cuentan sobrevivientes a EFE.
El suceso dejó 49 muertos y dejó más de 50 heridos.
La lucha por la justicia y el temor a que ocurra una tragedia similar ante un “clima de odio” persisten al cumplirse este viernes 10 años del mayor tiroteo contra latinos LGBTI en Estados Unidos, que dejó 49 muertos en la discoteca Pulse en Orlando (Florida), según cuentan sobrevivientes a EFE.
Jorshua Hernández, ahora de 32 años, aún tiene una bala en su cuerpo tras el crimen en la fiesta latina en Pulse, club para la diversidad sexual, donde Omar Mateen, guardia identificado como militante del Estado Islámico (EI) abatido por la policía, cometió la masacre, que dejó también más de 50 heridos.
Hernández, miembro del grupo Pulse Families and Survivors for Justice, estuvo dos semanas en el hospital, donde le reconstruyeron cuatro órganos, pues recibió disparos mientras estaba en el baño con docenas de personas y la policía tardó tres horas en rescatarlo.
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“Me empezó a hacer muchas preguntas el FBI y después de que me hicieron todas las preguntas, rápidamente me metieron a la sala de operaciones y yo les decía a los enfermeros que yo no me quería morir”, relata en una entrevista.
“Mi recuperación fue como tal de 2 años a 3 años, fui a terapia física, hice todo. Pero gracias a Dios estoy aquí con vida, que eso es lo más importante, y que he sido una voz para esas 49 vidas que ya no están aquí, para los sobrevivientes que no se atreven a dar alguna entrevista”, añade.
Una herida abierta para hispanos LGBTI
Brandon Wolf, quien tenía 27 años cuando sucedió el tiroteo y perdió a su mejor amigo, constató el efecto de la tragedia en las comunidades hispanas, que temieron acercarse a la policía por tener familiares indocumentados, y LGBTI, que afrontaron barreras para donar sangre y otros prejuicios.
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El superviviente, ahora director de estrategia de comunicaciones de la organización Equality Florida, lamenta que políticos como el actual gobernador del estado, Ron DeSantis, omitan que las principales víctimas fueron latinos de la diversidad sexual.
“Es importante nombrar a aquellos directamente impactados porque son algunas de las mismas comunidades atacadas por 10 años por personas como Donald Trump (presidente) y Ron DeSantis, y cuyas identidades se han desprestigiado, difamado e instrumentalizado para construir carreras políticas de derecha”, dice en una entrevista.
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Wolf, quien aún recuerda el sonido de los disparos, sostiene que “la lucha por la libertad e igualdad persiste” al citar las redadas actuales del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) y nuevas políticas que afectan a personas trans, combaten la diversidad y permiten la discriminación.
“Desafortunadamente, el clima político no solo significa que cosas así puedan pasar de nuevo, sino que ya han pasado”, expresa.
Los incidentes de odio contra personas LGBTI crecieron un 5 % anual en 2025 a más de 1.000, reveló un reporte divulgado de la organización GLAAD en enero, y quienes son de este colectivo tienen nueve veces más probabilidades de padecer un crimen violento de odio que el resto, según un estudio del Williams Institute de UCLA.
La batalla por un recuerdo digno
Hernández y otros deudos agrupados en Pulse Families and Survivors for Justice todavía luchan por un memorial digno en Orlando, pues rechazan planes oficiales que han buscado construir ahí un museo u otros establecimientos con los que, temen, pueda haber lucro.
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También denuncian la falta de rendición de cuentas de OnePulse Foundation, creada en 2017 por la dueña del club, Barbara Poma, y cerrada en 2023 en medio de acusaciones por mala gestión de los fondos, pues recaudó 20 millones de dólares, pero nunca creó el memorial, ni entregó becas ni apoyos prometidos a las familias.
“Lo que queremos es un digno memorial, no queremos un museo, no queremos ver ‘chandeliers’ (candelabros), yo no quiero ver una barra, yo no quiero ver una puerta, yo quiero que sean las víctimas honradas para toda la vida y que esta tragedia nunca sea olvidada”, expresa Hernández.
Jennifer Marcial Ocasio, subdirectora de comunicaciones de Equality Florida, enfatiza que la tragedia “ha marcado un antes y después”, especialmente para las comunidades LGBTI e hispanas, que en Estados Unidos se perciben como “minoría”, aunque hay ciudades en el estado donde son “mayoría”.
La organización civil lanzó la campaña #HonorThemWithAction, que invita a personas a honrar a las víctimas de Pulse con acciones como apoyar a organizaciones LGBTI, hacer voluntariado, donar sangre, involucrarse en su comunidad, manifestarse, registrarse para votar o contactar a sus representantes políticos.
“Es muy importante recordar qué fue lo que pasó, pero sobre todo cómo nuestra Comunidad se unió y cómo se siguen uniendo a pesar de las cosas que siguen pasando, ya sea para atacar a las comunidades de una manera u otra, para seguir adelante”, indica Marcial Ocasio. (I)
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