Suele existir un vínculo muy íntimo entre un individuo y el experto al que le encarga la atención de su cuerpo y la de su mente. En el caso de una embarazada, esa conexión es mucho más próxima, delicada y a la vez compleja: esa mujer le encomienda al profesional escogido la evolución de su organismo, la salud de su vientre, así como la del pequeño que está gestando.
El documental ‘Pakarichiy hampikuna’ recopila testimonios sobre salud comunitaria, destacando la labor médica tradicional frente al sistema hospitalario.
Suele existir un vínculo muy íntimo entre un individuo y el experto al que le encarga la atención de su cuerpo y la de su mente. En el caso de una embarazada, esa conexión es mucho más próxima, delicada y a la vez compleja: esa mujer le encomienda al profesional escogido la evolución de su organismo, la salud de su vientre, así como la del pequeño que está gestando.
La palabra clave es confianza. En esa asociación interpersonal, las mujeres indígenas, especialmente las imbabureñas, han confiado y siguen confiando el desarrollo de sus embarazos en las parteras tradicionales de sus comunidades.
Sus razones y sobre todo la importancia de la partería ancestral y la salud comunitaria han sido recogidas en el libro y documental bilingüe (español y quichua) Pakarichiy hampikuna: Relatos de la partería y la salud ancestral, que fue impulsado por Warmi Imbabura, el brazo social de la prefectura de dicha provincia, el cual financió la traducción, impresión y producción audiovisual de este proyecto.
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Como esas historias están las de las parteras mamá Josefa Guerrero (de la Asociación Pakarichiy Warmikuna) y mamá Carmen Morán (del Consejo de Salud Indígena de la Unión de Organizaciones Campesinas Indígenas de Cotacachi – Unorcac). Incluso la de la prefecta Paolina Vercoutere Quinche, que escogió dar a luz con la asistencia de estas cuidadoras.
La partería tradicional en Imbabura, particularmente en el cantón Cotacachi, cuenta con un fuerte arraigo histórico debido al pulso organizativo de las comunidades locales.
Mamá Josefa, a través de la traducción de sus compañeras, demuestra con su experiencia que la partería puede ser tanto un oficio heredado como un saber empírico autogestionado por medio de su cuerpo.
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Ella relata que tuvo ocho hijos; se inició en la atención de si propio parto a los 18 años, debido a su firme rechazo a acudir a las instituciones hospitalarias. Tras dar a luz a cinco hijos, logró decodificar y entender internamente los signos biológicos del alumbramiento (como la posición y descenso del vientre, y la rotura de la fuente).
Pero aclara algo importante: La partería tradicional no se limita al acto mecánico de extraer al neonato. Se describe a la partera como una médica general, psicóloga, nutricionista y consejera familiar. El proceso del parto en casa se concibe como un acto sagrado que involucra rituales de conexión espiritual con las deidades andinas, solicitando el amparo de la Allpa Mamita (Madre Tierra), la Yaku Mama (Madre Agua) y el Taita Inti (Padre Sol).
Mamá Josefa también expone su preocupación por los índices de cesáreas en los hospitales contemporáneos, percibiendo a su parecer que a las mujeres “les parten la barriga” de forma sistemática y sin brindarles explicaciones claras o alternativas.
Desde la cosmovisión de la medicina indígena, la cesárea es vista como una intervención agresiva que corta y disminuye de forma permanente la fuerza vital, energética y física de la mujer. Se establece una comparación directa entre aquellas mujeres que dan a luz de forma natural (quienes conservan su vigor para el trabajo comunitario y agrícola) y las que se someten a cirugías, manifestando mayores secuelas de debilidad a largo plazo. Por ello, las organizaciones insisten en la necesidad de generar conciencia política y social con este libro para devolverle al parto su carácter natural y respetado.
Mamá Carmen, por su parte, recuerda que en décadas pasadas las parteras sufrían una persecución por parte de las autoridades sanitarias. “Ellas tuvieron muchos problemas, trabajaban a escondidas, y las familias no querían decir el nombre de quién les ha atendido.”
Tras años de resistencia y exigencia de derechos por parte de organizaciones como la Unorcac, Mamá Carmen considera que el panorama ha mostrado avances significativos hacia la complementariedad entre saberes ancestrales y la medicina occidental. En concreto, resalta un modelo de trabajo coordinado con el Hospital de Cotacachi. Las parteras operan de la mano con el personal hospitalario para garantizar partos seguros y derivaciones oportunas en casos de riesgo.
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Sin embargo, este esfuerzo no está completamente reconocido, asegura Vercoutere. “No existe una remuneración… Usted no puede contratar a una partera en el Ministerio de Salud. Eso les pone en una situación de muchísima precariedad; la mayoría son adultas mayores, han acabado su vida dependiendo de la comunidad y no tienen seguro social”.
El libro y el documental nacieron de un encuentro comunitario con parteras, explica la funcionaria. En 2024, la Prefectura organizó un Encuentro Internacional con 300 participantes de 19 provincias de Ecuador y Colombia, cuyas mesas de discusión estructuraron el texto.
Vercoutere destaca que se destinaron fondos provinciales para traducir, imprimir y filmar, buscando registrar de forma imperecedera estos saberes en riesgo de desaparecer. Aunque Imbabura posee una escuela que asegura el relevo generacional, el resto del país carece de espacios formativos o de jóvenes interesadas en el oficio, lo que coloca a la partería tradicional en una situación de extrema vulnerabilidad. (F)
El Universo

