Exposición de postales que recuerdan la identidad de Guayaquil termina este domingo

¿Qué característica podría representar a Guayaquil para convertirse en una postal? A inicios del siglo XX estaba claro, como muestra la exposición Guayaquil del río grande y del estero, que tras un mes en el Museo Nacional del Cacao (ubicado en las calles Panamá e Imbabura) llega hoy a su fin tras mostrarle al público 46 postales del Guayaquil entre 1900 y 1950 que invitan a reflexionar sobre la relación de la ciudad con su entorno natural, su condición portuaria y la llegada de la modernidad. Recorrerla te hace rememorar lo que esta ciudad representaba para quienes enviaban y para quienes eran receptores de estas misivas, usualmente como muestras de afecto.

 Una muestra que rememora imágenes que marcaron a la urbe porteña.  

¿Qué característica podría representar a Guayaquil para convertirse en una postal? A inicios del siglo XX estaba claro, como muestra la exposición “Guayaquil del Río Grande y del Estero”, que tras un mes en el Museo Nacional del Cacao (ubicado en las calles Panamá e Imbabura) llega hoy a su fin tras mostrarle al público 46 postales del Guayaquil entre 1900 y 1950 que invitan a reflexionar sobre la relación de la ciudad con su entorno natural, su condición portuaria y la llegada de la modernidad. Recorrerla te hace rememorar lo que esta ciudad representaba para quienes enviaban y para quienes eran receptores de estas misivas, usualmente como muestras de afecto.

Una postal de Guayaquil de 1896.

Expuestas en el segundo piso alto del Museo Nacional del Cacao, enfocan cuatro ejes, miradas, sobre la ciudad: el río Guayas y el Estero Salado; el Cerrito Verde; el Malecón, mercados y dinámicas sociales; y los oficios, ruralidad y modernidad.

“Nació partiendo de una investigación de archivo documental del Archivo Camilo Estruje de la Biblioteca Municipal de Guayaquil. Se revisaron cerca de 5 tomos, es decir, cerca de 500 postales, y se hizo una curadoría o selección de 46 postales que retratan a Guayaquil bajo distintas miradas. Fue un poco complejo decidir qué es lo que queríamos mostrar, pero básicamente a lo que se llegó, o lo que yo como curadora decidí, fue primero retratar esta condición que tiene Guayaquil como ciudad-puerto. Siempre he considerado que el río es algo importantísimo o vital dentro de la historia de la ciudad, entonces la exposición precisamente lleva este nombre del río Grande y del Estero por la canción (Guayaquil, pórtico de oro) de Carlos Rubira Infante, que es un poema de Pablo Hannibal Vela musicalizado por Carlos Rubira Infante luego, y retrata este Guayaquil natural, este entorno natural, cómo el río ayudó a que Guayaquil sea un puerto importante, la industria maderera, los bosques, el manglar también”, dice Leslie Bueno Vélez, curadora de la muestra.

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La curadora de la exposición, Leslie Bueno, explicando la historia de varias postales a visitantes del Museo Nacional del Cacao.

Ver imágenes de un antiguo malecón, del Estero, de lugares junto a la ría con ventas de frutas recién llegadas en canoas, una embarcación pasando por medio del río y de fondo Durán o Santay, incluso de Posorja como balneario o la vida en la isla Puná, permiten reencontrarse con un mundo que ya no existe, pero que forma parte del ADN que sigue estando en la ciudad, su relación con la ría y los cuerpos de agua que pese al crecimiento urbano y la contaminación siguen siendo un sello de esa guayaquileñidad que no se pierde, aunque parezca romántico, y que debería reimpulsarse.

Un conjunto de postales enseñaba lo largo del malecón de Guayaquil en la primera mitad del siglo XX.

Al mismo tiempo muestra el cómo veían la identidad de su ciudad los fotógrafos de la época, que escogían lo que aparecía y lo que no en las postales. Así como los gustos de quienes las elegían para darle un toque personalizado a su mensaje -en la muestra se podía leer algunos a familiares, amigos o superiores contándoles cómo estaba la ciudad y hablando de sus seres queridos y amistades-. Todo en un escenario completamente diferente al actual, cuando una postal -o carta- era la única forma de comunicarse a distancia.

Postales de Guayaquil de inicios del siglo XX.
Postales de Guayaquil de inicios del siglo XX.

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Postales de Guayaquil de inicios del siglo XX.

¿Y estas postales seleccionadas de quién eran? ¿Cómo se consiguieron? ¿Cómo se guardaron? ¿Cómo terminaron en el archivo? La mayoría son donaciones.

“De hecho es muy curioso porque se leen apellidos de familias como Parducci, por ejemplo, que es un apellido que todavía perdura hasta la actualidad. Muchas fueron donadas a la Biblioteca Municipal y forman parte precisamente de este archivo documental e histórico. Esta investigación va desde 1900 hasta 1950. Circularon en esos años, pero la más antigua, por ejemplo, tiene imágenes de Guayaquil antes del gran incendio de 1896″, apunta la curadora.

Al final del recorrido podías escribir una postal, recordando -o aprendiendo- como llenar una. Algo que nuevas generaciones quizá ya no sepan.

Al final del recorrido se podía llenar una postal y pegarla en la pared con algún mensaje relacionado con Guayaquil o cualquier otro tema.

Talleres como integración con la comunidad

Junto con la exposición se realizaron cuatro actividades: un recorrido guiado contando detalles de las postales seleccionadas para la muestra; un taller sobre el valor documental de los archivos familiares y aspectos básicos de cómo cuidarlos; una charla sobre la aproximación histórica a los cuerpos de agua que definieron el paisaje y el crecimiento de Guayaquil; y un taller de fotobordado, que vinculó la fotografía, la intervención textil y la memoria urbana.

Taller de fotobordado con las postales.

Pude asistir al último y ver cómo más de 30 personas de diferentes generaciones compartían un momento en que las manualidades y la historia se mezclaban para dar a paso a hago culturalmente aún más importante: la interacción social entre personas que conversaban sobre las fotos, lo que recordaban o alcanzaron de sitios de Guayaquil, en especial las personas de la tercera edad presentes, así como de otros temas de una platica que nace entre conocidos y desconocidos, como “dónde aprendió a hilar, porque le sale bien” el fotobordado, causando contestaciones muy humanas y agradables en mesas con participantes de muy diversas edades.

Una de las postales bordadas por los asistentes.

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