Cada 25 de julio, Guayaquil se viste de fiesta para conmemorar su fundación. Sin embargo, historiadores coinciden en que la ciudad no nació en un solo día ni en un solo lugar, sino a través de un complejo proceso de traslados que se extendió durante más de una década y que hoy se conoce como el proceso fundacional.
Más que recordar un único acto fundacional, el 25 de julio conmemora una historia marcada por sucesivos traslados.
Cada 25 de julio, Guayaquil se viste de fiesta para conmemorar su fundación. Sin embargo, historiadores coinciden en que la ciudad no nació en un solo día ni en un solo lugar, sino a través de un complejo proceso de traslados que se extendió durante más de una década y que hoy se conoce como el proceso fundacional.
La celebración del 25 de julio responde, en gran medida, a una tradición histórica. Esa fecha coincide con la festividad de Santiago Apóstol, patrono de la ciudad, y también con el que se considera el último y definitivo asentamiento de Santiago de Guayaquil, ocurrido aparentemente el 25 de julio de 1547, en las faldas del actual cerro Santa Ana.
No obstante, las investigaciones históricas impulsadas a inicios del siglo XXI llevaron al Municipio de Guayaquil y a una comisión de especialistas a replantear esa interpretación. La conclusión fue que la ciudad comenzó su existencia mucho antes, con una fundación inicial el 15 de agosto de 1534, en el valle de Liribamba, cerca de la actual laguna de Colta, en la provincia de Chimborazo.
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A partir de ese análisis, se estableció oficialmente que Guayaquil debía entenderse como una ciudad de proceso fundacional, es decir, una urbe que nació en la Sierra y fue trasladándose hacia la Costa por razones militares, estratégicas y de supervivencia hasta encontrar su ubicación definitiva.
Aunque la fundación original ocurrió en agosto de 1534, la fecha oficial quedó registrada como el 25 de julio de 1534, manteniendo el vínculo con la tradicional festividad de Santiago Apóstol. Desde entonces, la ciudad continúa celebrando sus fiestas cada 25 de julio, mientras las actividades conmemorativas se extienden durante varias semanas.
La primera fundación fue realizada por el mariscal Diego de Almagro, autorizado por Francisco Pizarro. Inicialmente, la ciudad recibió el nombre de Santiago de Quito, en honor al apóstol Santiago y al legendario Reino de Quito.
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El acta fundacional permitía expresamente trasladar la ciudad cuando las circunstancias lo exigieran. Esa disposición marcó el destino de Guayaquil, que inició una larga peregrinación desde los Andes hacia el litoral ecuatoriano.
El primer traslado estuvo a cargo de Sebastián de Benalcázar, quien llevó la ciudad a Chilintomo, cerca de la desembocadura del río Babahoyo. Posteriormente pasó por Santiago de la Culata, Yagual y Santiago de Nueva Castilla, entre otros asentamientos, muchos de ellos abandonados por ataques indígenas, conflictos entre conquistadores o necesidades defensivas.
El capitán Francisco de Orellana también participó en esa búsqueda de un lugar seguro para establecer la ciudad, mientras que Diego de Urbina y Francisco de Olmos realizaron nuevos traslados hasta que, hacia 1547, Santiago de Guayaquil quedó asentada definitivamente en la confluencia de los ríos Daule y Babahoyo, junto al actual cerro Santa Ana.
Durante esos trece años de desplazamientos, la ciudad adoptó diversos nombres, entre ellos Santiago de Quito, Santiago de la Culata, Santiago de Nueva Castilla, Santiago del Río Amay y Santiago del Río Daule, hasta consolidarse como Santiago de Guayaquil.
Por ello, más que recordar un único acto fundacional, el 25 de julio conmemora una historia marcada por sucesivos traslados, decisiones estratégicas y transformaciones que dieron origen a una de las ciudades más importantes del Ecuador.
Esa es la razón por la que historiadores prefieren hablar hoy del proceso fundacional de Guayaquil, una visión que busca explicar el verdadero origen de la urbe sin romper con una tradición celebrada por generaciones. (F)
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